Mostrando las entradas con la etiqueta Pablo de Santis. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Pablo de Santis. Mostrar todas las entradas

*

El trabajo del traductor está hecho de vacilaciones, igual que el trabajo del escritor. El escritor también traduce y duda y quiere encontrar el término preciso que corresponde a la idea; también sabe, como el traductor, que es su propia lengua la que se convierte en inmanejable lengua extranjera. El escritor se traduce a sí mismo como si fuera otro, el traductor escribe al otro como si fuera él mismo.

—La traducción.
Pablo de Santis.

*

¿Sabe cuál es la única lengua perfecta? La que ayuda a matar el tiempo.

—La traducción.
Pablo de Santis.

*

Me preguntó si yo también tenía errores de ortografía. Le dije que mi problema no era olvidar palabras sino recordarlas en exceso.

—La traducción.
Pablo de Santis.

*

Sentimos necesidad de odiar a alguien que conocemos, pero no encontramos motivo; el correr de los años trae un pretexto cualquiera, que ascendemos a causa y origen del viejo odio, del odio que estuvo siempre, desde el principio.

—La traducción.
Pablo de Santis.

*

Un día en medio de un viaje es como una vida en miniatura: encuentros, abandonos, despedidas. En la vida real, uno tarda años en hacerse amigo de alguien; en los viajes basta una conversación de unos pocos minutos.

—La traducción.
Pablo de Santis.

*

Pero no aparecía entre nosotros la verdadera conversación, la complicidad de los que se conocen bien desde hace años, ni la otra complicidad, la tranquilidad de ser desconocidos.

—La traducción.
Pablo de Santis.

*

La abracé. Hay una sensación llamada déjà vu; hay otra, menos frecuente o más escondida, que llaman jamais vu: sentir que algo cotidiano es nuevo, que nunca antes se ha conocido esa experiencia. Las dos se entremezclaron al instante.

—La traducción.
Pablo de Santis.