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—Ay, Will, ¿qué podemos hacer? —exclamó Lyra—. Quiero vivir siempre contigo. Quiero besarte y acostarme a tu lado y despertarme junto a ti cada día de mi vida, hasta que muera, dentro de mucho, muchísimos años. No quiero tener un recuerdo, un mero recuerdo…
—Yo tampoco quiero conformarme con recuerdos —dijo Will—. Lo que yo deseo es tu pelo, tu boca, tus brazos, tus ojos y tus manos. No sabía que era capaz de amar tanto a una persona. ¡Oh, Lyra, ojalá esta noche no terminara nunca! ¡Ojalá pudiéramos quedarnos aquí para siempre, y que la Tierra cesara de girar, y todo el mundo se sumiera en un sueño!
—¡Todos excepto nosotros! ¡Y que tú y yo pudiéramos vivir aquí eternamente, amándonos!
—Te amaré siempre, pase lo que pase. Hasta que muera y después de que muera, y cuando consiga salir de la tierra de los muertos mis átomos vagarán para siempre, hasta que vuelva a encontrarte…
—Yo te esperaré, Will, cada momento de mi vida. Y cuando volvamos a encontrarnos nos abrazaremos con tal fuerza que nada ni nadie podrá separarnos. Cada átomo de mi ser y cada átomo del tuyo… Viviremos en los pájaros, las flores, las libélulas, los pinos, las nubes y en esas motas de luz que flotan en los rayos del sol… Y cuando utilicen nuestros átomos para crear nueva vida, no podrán tomar uno solo sino que tendrán que tomar dos, uno tuyo y otro mío, porque estaremos unidos para siempre…

—La materia oscura III: El catalejo lacado.
Philip Pullman.

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El caso es que poco a poco había logrado convencerme de algo que no era cierto. Me había convencido de que me sentía satisfecha, realizada y feliz sin el amor de otra persona. El amor era como China: sabías que existía, y debía de ser muy interesante, y algunas personas iban allí, pero yo no iría. No iría jamás en la vida a China, pero no importaba, porque podía visitar el resto del mundo.

—La materia oscura III: El catalejo lacado.
Philip Pullman.

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—Cuando dejaste de creer en Dios —continuó Will—, ¿dejaste de creer en el bien y el mal?
—No, pero dejé de creer que existían un poder benéfico y un poder malévolo que estaba fuera de nosotros. Y me convencí de que el bien y el mal sólo se signan las acciones de las personas, no lo que éstas son. Sólo podemos decir que ésta es una buena acción porque beneficia a alguien, y que esta otra es una mala acción porque perjudica a alguien. Las personas son demasiado complejas para ponerles unas simples etiquetas.

—La materia oscura III: El catalejo lacado.
Philip Pullman.

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—¿Estamos muertos? —preguntó Will al remero.
—Da lo mismo —respondió éste—. Algunos vienen aquí convencidos de que no están muertos. Durante todo el trayecto insisten en que están vivos, en que se trata de un error, que alguien pagará por él; pero da lo mismo. Otros anhelaban estar muertos cuando vivían, pobrecillos; unas vidas llenas de dolor y desgracia; algunos se matan para darse un respiro, y comprueban que nada ha cambiado salvo a peor, y que esta vez no hay escapatoria; no puedes regresar de la muerte a la vida. Otros son frágiles y enfermos, a veces meros bebés, que apenas han venido al mundo cuando bajan a la tierra de los muertos. Más de una vez he remado en esta barca sosteniendo en mis brazos a un bebé que no cesaba de lloriquear, que no llegó a conocer la diferencia entre allí arriba y aquí abajo. Y ancianos, los ricos son los peores, que gruñen y me maldicen, protestando y gritando que quién me creo que soy, que han ahorrado toda su vida y han acumulado una gran fortuna, de la que me ofrecen una parte sustanciosa si los llevo a la otra orilla del lago. Cuando esto falla me amenazan con hacer que caiga sobre mí todo el peso de la ley, porque tienen amigos influyentes y conocer al Papa, al rey de no sé qué y al duque de no sé cuántos, que gozan de una posición influyente y que harán que me juzguen y encarcelen… Pero en su fuero interno saben la verdad: que la única posición que ocupan es un espacio en mi barca que se dirige a la tierra de los muertos, y que por lo que se refiere a esos reyes y papas, todos ellos viajarán más pronto o más tarde a mi barba, cuando les toque el turno, seguramente antes de lo que imaginan. Yo les dejo que griten y protesten porque no pueden herirme. Y al final todos callan.

—La materia oscura III: El catalejo lacado.
Philip Pullman.

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Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

—San Juan. Citado en La materia oscura III: El catalejo lacado.
Philip Pullman.

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—¿No les impresiona tener a la muerte siempre junto a ustedes? —inquirió Lyra.
—¿Por qué habría de impresionarnos? Si está cerca, podemos vigilarla. Me inquietaría mucho más no saber dónde está.
—¿Y todos tenemos nuestra propia muerte? —preguntó Will, maravillado.
—Pues sí, desde el momento en que nacemos, la muerte llega al mundo con nosotros y después nos saca de él.

—La materia oscura III: El catalejo lacado.
Philip Pullman.

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—Tú eres mi muerte, ¿verdad? —preguntó.
—Sí, querida —respondió ésta.
—¿Vas a llevarme contigo?
—Tú me has invocado. Siempre estoy junto a ti.
—Sí, pero… Te he invocado, sí, pero… Quiero ir a la tierra de los muertos, es verdad, pero no quiero morir. Me encanta esta vida.

—La materia oscura III: El catalejo lacado.
Philip Pullman.

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—¿Qué es ese plan de visitar la tierra de los muertos, Lyra Lenguadeplata?
—Se me ocurrió en un sueño, Iorek. Vi al fantasma de Roger y comprendí que me llamaba... ¿Te acuerdas de Roger? Bueno, pues después de que te marcharas lo mataron, creo que por culpa mía. Pienso que debería terminar lo que comencé, que debo ir y pedirle perdón, y rescatarlo de ese lugar si puedo. Si Will puede abrir una ventana al mundo de los muertos, debemos hacerlo.
—Poder no es lo mismo que deber.
—Pero si pueden y debes, no hay excusa para no hacer una cosa.
—Mientras estás vivo, tu deber es seguir vivo.

—La materia oscura III: El catalejo lacado.
Philip Pullman.

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—¿Crees que yo lo soportaría, Lyra? —preguntó Will—. ¿Crees que podría vivir dichoso viendo cómo enfermabas y te desmejorabas y morías, mientras yo crecía y me hacía fuerte cada día? Diez años… No son nada. Pasarían en un suspiro. Tendríamos veinte años. Piensa en ello, Lyra, tú y yo seríamos adultos, preparándonos para hacer todas las cosas que siempre hemos querido hacer… y de repente todo terminaría. ¿Crees que yo podría vivir cuando tú hubieras muerto? ¡No, Lyra, te seguiría hasta el mundo de los muertos sin pensarlo dos veces, como tú seguiste a Roger! ¡Se habrían desperdiciado dos vidas, la tuya y la mía! No, debemos estar juntos toda la vida, una vida larga y provechosa, y si no podemos vivirla juntos, tendremos que… vivir separados.

—La materia oscura III: El catalejo lacado.
Philip Pullman.

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Muchas veces me he enamorado de la placentera muerte.

—John Keats. Citado en La materia oscura III: El catalejo lacado.
Philip Pullman.

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Detesto las cosas inventadas. Siempre debe existir un fundamento real…

—Byron. Citado en La materia oscura III: El catalejo lacado.
Philip Pullman.

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Ojalá fuera posible poder celebrar una conferencia de dos días con los muertos…

—John Webster. Citado en La materia oscura III: El catalejo lacado.
Philip Pullman.

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Lo primero que hizo Will fue llevarse las manos al estómago y vomitar, aquejado de unas violentas arcadas producidas por un horror mortal. ¡Había matado a dos hombres, sin contar al joven de la Torre de los ángeles! Will no quería que eso sucediera. Su cuerpo se rebelaba contra lo que su instinto le obligaba a hacer, y el resultado eran aquellas angustiosas náuseas que le hacían postrarse de rodillas y vomitar un agrio líquido hasta vaciar por completo el estómago.

—La materia oscura III: El catalejo lacado.
Philip Pullman.