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Resulta un placer exquisito dominar un espíritu insolente, hacer que reconozca tu superioridad un individuo predispuesto en contra tuya.

—Lady Susan.
Jane Austen.

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—Es un defecto demasiado frecuente. Las madres, ciertamente, no han dado con la fórmula acertada para educar a sus hijas. Yo no sé dónde está el error. No pretendo corregir a nadie, pero veo que en muchos casos se procede erróneamente.
—Las personas que saben demostrar al mundo cómo debe comportarse toda mujer —dijo Tom gentilmente— hacen ya mucho en favor de un mejoramiento general.
—No es difícil descubrir el error —repuso Edmund, menos galante—; tales jovencitas han sido mal criadas. Desde el principio les inculcaron ideas equivocadas. Obran siempre influenciadas por motivos de vanidad y en su conducta no hay más auténtica modestia antes que después de ser presentadas en sociedad.

—Mansfield Park.
Jane Austen.
[Traducción de Miguel Martín]

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—Nuestra pobre tía tenía pocos motivos para creer ese estado; pero, aparte de ello, hablando sólo por lo que he podido observar, creo que es un negocio de intrigas. ¡Conozco a muchos que se han casado esperando y confiando hallar determinada ventaja, o algunas virtudes o cualidades en la persona elegida, y que sin embargo se han visto defraudados y obligados a resignarse con todo lo contrario! ¿Qué es esto, sino un engaño?
—Niña, en todo eso que dices hay mucho de tu imaginación. Perdona, pero no puedo creerte del todo. Te aseguro que sólo ves por un lado la cuestión. Descubres el mal, pero no aciertas a ver el consuelo. Hay ligeros roces y desengaños por todas partes, y todos esperamos siempre más; pero si fracasa un proyecto de felicidad, la naturaleza humana se orienta hacia otro, si el primer cálculo resulta equivocado, hacemos otro mejor… siempre hallaremos consuelo en alguna parte y esos observadores mal pensados, querida Mary, que convierten todo lo poco en mucho, resultan más engañados y decepcionados que los mismos cónyuges.

—Mansfield Park.
Jane Austen.
[Traducción de Miguel Martín]

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—Yo nunca podré tener importancia para nadie.
—¿Qué puede impedirlo?
—Todo. Mi situación… mi necedad y torpeza.
—Querida Fanny, en cuanto a necedad y torpeza, créeme, no tienes sombra de ello, como no sea al aplicar estas palabras tan impropiamente. No existe razón para que no se te conceda importancia allí donde te conozcan. Tienes buen juicio y un carácter dulce, y estoy seguro de que posees un corazón agradecido que en ningún caso aceptaría un gesto amable sin querer corresponderlo. No conozco mejores cualidades para una amiga y compañera.

—Mansfield Park.
Jane Austen.
[Traducción de Miguel Martín]

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Dele a una muchacha buena educación, preséntala al mundo de debida forma, y apuesto diez contra uno a que estará en posesión de medios suficientes para casarse bien, sin ulteriores gastos para nadie.

—Mansfield Park.
Jane Austen.
[Traducción de Miguel Martín]

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—¡Es cruel! —dijo Fanny—. ¡Muy cruel! ¡En tales momentos, permitirse bromear, hablar con ligereza! ¡Y contigo! ¡Es una perfecta crueldad!
—¿Crueldad, dices? En esto discrepamos. No, su naturaleza no es cruel. No considero que se propusiera herir mis sentimientos. El mal yace más adentro… en su total ignorancia, en no tener siquiera sospecha de tales sentimientos, en una perversión de la mentalidad que hace que para ella sea natural trata el caso como lo hizo. Habló, si más ni menos, como de costumbre ha oído siempre hablar a los otros, como se imagina que hablaría cualquiera.
 
—Mansfield Park.
Jane Austen.
[Traducción de Miguel Martín]

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Era una lluviosa tarde de domingo, momento ideal para, si se tiene a mano a una persona amiga, abrir el corazón y contarlo todo.
 
—Mansfield Park.
Jane Austen.
[Traducción de Miguel Martín]

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Empezó a darse cuenta de que no había pasado aún por todos los cambios de opinión y sentimiento, que el transcurso del tiempo y la variación de circunstancias ocasionan en este mundo. Las vicisitudes del espíritu humano no se habían agotado todavía en ella. 

—Mansfield Park.
Jane Austen.
[Traducción de Miguel Martín]

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De no poder evitar alguna vez una expresión de júbilo, ésta tenía que producirse en aquella ocasión, pues su gozo era inmenso; pero la suya era una clase de felicidad reposada, profunda, íntima; y aun sin pecar nunca de habladora, más se inclinaba todavía a callar cuando sentía con más fuerza.
—Mansfield Park.
Jane Austen.
[Traducción de Miguel Martín]

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—Yo hubiera creído —dijo Fanny, tras una pausa durante la cual se esforzó en concentrarse— que toda mujer tenía que admitir la posibilidad de que un hombre no fuese aceptado, no fuese amado por otra mujer, por una al menos, por agradable que él sea para las demás. Aunque reúna todas las perfecciones del mundo, creo que no debería darse por sentado que un hombre tiene que ser aceptado por todas las mujeres que a él se le ocurra tener.
 
—Mansfield Park.
Jane Austen.
[Traducción de Miguel Martín]

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Ya lo he observado en varias ocasiones: le gusta hacer las cosas a su antojo, no quiere que la guíen, va a pasear por su cuenta siempre que puede; es evidente que hay en ella cierto espíritu de independencia e insensatez, del cual le aconsejaría que se desprendiese.  

—Mansfield Park.
Jane Austen.
[Traducción de Miguel Martín]

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No voy a hablarle de mi propia dicha, porque solo pienso en la que usted debe de sentir. En comparación con usted, ¿quién tiene derecho a sentirse feliz?
 
—Mansfield Park.
Jane Austen.
[Traducción de Miguel Martín]

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Él no pudo seguir dudando del corazón de Fanny. Tenía capacidad de sentimiento, de auténtico sentimiento. ¡Valdría la pena ser amado por una muchacha como aquella, excitar las primeras pasiones de su alma tierna y candorosa!

—Mansfield Park.
Jane Austen.
[Traducción de Miguel Martín]

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—¡Nunca me había tropezado con ninguna que me mirara de un modo tan serio! Procuraré sacar algún provecho de ella. Sus miradas decían: «No quiero enamorarme de ti, estoy resuelta a no enamorarme de ti», pero yo digo que se enamorará.
—¡Tonto presumido! ¡De modo que ese es su atractivo, a fin de cuentas! ¡Es esto, que veas que no te hace caso, lo que le da esa tez tan suave y la convierte en mucho más alta y la adorna con todas esas gracias y encantos! He de desear que no la hagas realmente desgraciada; un poco de amor acaso la anime y le haga bien; pero no quisiera que te arrojadas a fondo, porque es una muchacha excelente, y en extremo sensible.
 
—Mansfield Park.
Jane Austen.
[Traducción de Miguel Martín]

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—¿Qué quieres que haga?
—¡Oh!, tú no puedes hacer más que lo que siempre has hecho: mortificarte continuamente sin perder nunca la paciencia.

—Mansfield Park.
Jane Austen.
[Traducción de Miguel Martín]

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Tal vez dentro de tres años habremos olvidado lo que antes fue… ¡Qué cosa tan asombrosa, la acción del tiempo y los cambios del pensamiento humano! —Y siguiendo el curso de sus pensamientos, poco después añadió—: Si alguna de las cualidades de nuestra naturaleza puede considerarse más maravillosa que las demás, yo creo que es la memoria. Parece haber algo más incomprensible en el poder, en los fracasos, en las irregularidades de la memoria, que en cualquier otro aspecto de nuestra inteligencia. La memoria es a veces tan fiel, tan servicial, tan obediente y, otras, tan veleidosa, tan austera… y otras aún, tan tiránica e ingobernable. Somos un milagro en todos los aspectos, pero nuestra facultad de recordar y de olvidar me parece algo particularmente insondable. 

—Mansfield Park.
Jane Austen.
[Traducción de Miguel Martín]

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Ella había amado, amaba todavía, y albergaba todo el sufrimiento que un temperamento apasionado y un espíritu altivo puedan conocer ante el desengaño de una preciada aunque absurda ilusión, unido a una fuerte sensación de injusticia. Su corazón destilaba ira y rencor, y sólo era capaz de rencorosos consuelos. 

—Mansfield Park.
Jane Austen.
[Traducción de Miguel Martín]

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 Pero no eran sólo los temores en cuanto a la posibilidad de defender su postura lo que tenía que vencer: había empezado a sentirse indecisa con respecto a la postura que debía adoptar; y mientras se paseaba por la habitación aumentaba su incertidumbre. ¿Obraba rectamente al negarse a lo que podía ser esencial para el logro de un proyecto en el que algunos, a los que ella debía mostrarse: siempre dispuesta a complacer, habían puesto todas sus ilusiones? ¿No sería aquello mala voluntad, egoísmo y un temor a exponerse?

—Mansfield Park.
Jane Austen.
[Traducción de Miguel Martín]

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 —Y yo lo lamento —contestó él—, pero en esta cuestión eres tú quien debes mandar y dar el ejemplo. Si otros han errado, a ti te corresponde hacerles rectificar y mostrarles en qué consiste la auténtica sensibilidad. En todo cuanto afecte al decoro, tu conducta debe ser ley para los restantes miembros del grupo.

—Mansfield Park.
Jane Austen.
[Traducción de Miguel Martín]

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Lo que me sorprende es que los demás puedan resistir tanto tiempo. Tendrían que estar enamorados para hallar diversión alguna en una chifladura como ésta; y lo están, sin duda alguna.

 —Mansfield Park.
Jane Austen.
[Traducción de Miguel Martín]